TULUM EL DESTINO MÁS SEXY DEL CARIBE

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Paco de Lucía solía decir que lo que más le gustaba era estar “echao en la hamaca” en su refugio de la costa de Yucatán. Vivió en Playa del Carmen hasta que, alcanzado por la expansión turística de la Riviera Maya, dejó de ser ese pueblecito de pescadores con solo dos tiendas. El guitarrista, que lo que quería era estar relajado y tranquilo, se mudó entonces más lejos, hacia el sur, a una espectacular playa semiescondida cerca de las ruinas mayas de Tulum. Según decía, se pasaba todo el año de gira contando los días que le quedaban para volver a bucear y a pescar a su casa de México, a desligarse de todo en su hamaca de la descompresión.

Yo estoy ahora en esa playa solitaria, comiendo en un pequeñísimo gran hotel de nombre tan descriptivo como sugerente: Al Cielo. Sus propietarios, Andrés, padre, y Andrew, hijo, llegaron hace 13 años, buscando, como su vecino Paco, exactamente lo que tengo ante mis ojos: una playa de arena suave como la harina y vegetación exuberante. “Tienes que volver entre mayo y septiembre, cuando hay tortugas y nadamos con ellas”, me invita Andrew. El hotel tiene cuatro habitaciones y cuatro villas, y el restaurante solo abre con reserva y únicamente para los que son clientes o amigos (¡gracias!). En el menú del chef Francisco Paco Morales no faltan las recetas mediterráneas. He preferido, en cambio, el pargo con sésamo rojo. El mar es tan cristalino que se ven peces casi sin necesidad de meterse en el agua. La brisa me arranca un escalofrío de placer y me esfuerzo en masticar más despacio para congelar este momento de gloria que no quiero que acabe nunca.

Este mar transparente, la madre selva, el contacto sanador con la naturaleza, la tranquilidad… y, en los últimos tiempos, el desarrollo de una apasionante escena gastronómica es lo que ha hecho de Tulum uno de los destinos en auge entre la gente de la moda y los niños bien de Brasil y Sudamérica para desconectar y recargar las pilas. Diseñadores, editores, foodies, Cameron Díaz, Jared Leto, la estilista de Lady Gaga… y los urbanitas estresados de medio mundo, en especial los de Nueva York, a solo cinco horas de distancia.

“Tulum tiene su propio estado de ánimo”, me asegura Jack, Jacopo Ravagnan, cofundador junto con su amiga de la infancia, la modelo Francesca Bonato, de Hacienda Montaecristo, una firma de moda ética que recupera la calidad de los tejidos tradicionales mexicanos. “Su energía es muy potente”, continúa. “Cuando estás mal, te tumba, pero cuando estás bien, te eleva hasta el más allá”. Hacienda Montaecristo forma parte del hotel Coqui Coqui, el más chic de la playa, propiedad de Francesca y de su esposo Nicolas Malleville, también modelo, que tienen otros dos exclusivos hotelitos en la cercana ciudad colonial de Valladolid y en las ruinas de Cobá, y una extraordinaria marca de perfumes y aromas de Yucatán que venden en su boutique playera.

Extracto. Texto completo en: Conde Nast Traveler

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