Eco Lujo Riviera Maya, Tulum.

Por: Cristina Hadwa

Tulum Real Estate Information

Este pequeño pueblo bañado por las aguas turquesas del Mar Caribe y arropado por arenas blancas y una exuberante selva tropical, es la meca de los ecologistas en busca de relajación física y espiritual. Eso… y mucho más.
Texto y fotos Haydée Rojas, desde México.

 

Eco Lujo Riviera Maya Tulum
Eco Lujo Riviera Maya Tulum

 

Dim Geefay recorre silenciosamente mesa por mesa. La afamada chef quiere chequear que todas sus preparaciones lleguen en perfecto estado a los comensales, con la presentación precisa, la temperatura ideal.

Mezzanine Tulum Real Estate Riviera Maya
Dim Geefay

Dim es tailandesa, pero no estamos en Tailandia, sino en Tulum, México. Exactamente en el Mezzanine, un hotel boutique de nueve habitaciones (desde 150 dólares en temporada baja, $ 75.000), aclamado por su restorán.

“Trajimos a Dim como consultora porque su cocina es auténtica. Tiene un programa de TV en California y un sitio web donde enseña la verdadera cocina thai. Ella aprendió de su madre y abuela, y ha conservado esas recetas. Su comida no es americanizada sino tal como se come en ese país del Sudeste Asiático”, dice Laura Avila, gerenta del hotel.

El tema de la autenticidad se lo tomaron tan en serio que trajeron de Tailandia semillas de algunas hierbas que hoy cultivan en un pequeño huerto, como la albahaca, cuyo sabor allá es más fuerte. Otra particularidad es que no utilizan glutamato sódico, azúcar refinada ni sal. “Endulzamos nuestras preparaciones con miel de palma, y en vez de sal utilizamos salsa de pescado”. El Hotel Mezzanine integra la agrupación Slow Food, que desde hace unos años promueve entre otros conceptos el comer saludable. “Usamos sólo productos orgánicos y trabajamos con agricultores con prácticas sustentables”, ratifica Avila.

Pese a su metro cincuenta y la delgadez tan característica de su raza, Dim no pasa inadvertida. Es amiga de buena parte de los habitués del restorán, algunos de los cuales vienen de poblados a varios kilómetros de distancia. En sus visitas a Tulum no sólo se dedica a verificar que todo se esté haciendo a la usanza thai, sino que aprovecha de enseñarle a Fredy Pool y Jorge Izquierdo, los chefs del restorán, nuevas recetas.

Tulum es la meca de los ecologistas en busca de relajación física y espiritual. Este pequeño pueblo del Caribe, situado en el estado mexicano de Quintana Roo, en la llamada Riviera Maya, queda sólo 131 kilómetros al sur de Cancún. Su mayor mérito es que ha conservado un aire rústico y provinciano, donde todo es a escala humana. No hay grandes edificaciones ni desarrollos hoteleros al estilo ‘todo incluido’. Su sencilla arquitectura de palapas, construcción con techo de hojas de palma secas sostenida por postes de madera, muestra un profundo respeto por el medio ambiente.

Las Ruinas de Tulum Real Estate
Las Ruinas de Tulum

En la zona costera denominada Boca Paila, a sólo dos kilómetros del pueblo, los pequeños hoteles y cabañas fueron construidos en total armonía con la belleza natural que los rodea y muchos son ecológicos. De partida, no tienen electricidad, sino que funcionan con energía solar o eólica y sólo unos pocos poseen generador para las noches o las emergencias. Las velas, por tanto, son parte del paisaje. Junto a un cielo muy estrellado, aportan el romanticismo que ha hecho de este lugar un destino fijo para recién casados.

Lo más increíble de todo es que han sido los propios habitantes de Tulum quienes han querido conservar la zona costera sin luz (el pueblo tiene todos los servicios básicos), entre otras razones, porque cada año llegan a desovar las tortugas marinas blancas, laúd y las enormes caguamas, todas en peligro de extinción. De existir electricidad, esto no ocurriría, pues ellas se desorientarían.

SI LE DICEN PARAÍSO ECOLÓGICO ES POR SIAN KA’AN, la reserva de la biosfera que en maya significa ‘donde nace el cielo’, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Son 47 kilómetros de playas vírgenes rodeadas de vegetación endémica, sol y arena blanca muy fina, frente a un soñado mar turquesa.

Tanto ahí como en otros sectores, ya antes de las siete de la mañana se divisa gente practicando yoga, caminando o trotando. Ahora el deporte estrella es el kite surf, donde el surfista puede elevarse con una especie de paracaídas varios metros sobre las olas. El entrenamiento mínimo incluye cinco clases de tres horas, por la módica suma de 500 dólares. Quienes sólo buscan sol y agua tienen diez kilómetros de arenas blancas a su disposición, donde no verán a nadie a menos a 30 metros.

Pero hay muchos otros panoramas. El punto de partida y uno de los principales atractivos son las ruinas mayas, que corresponden a una ciudad precolombina con restos de edificios públicos y religiosos que habría vivido su máximo esplendor entre el siglo XIII y principios del XVI. Se sugiere ir temprano, antes de que las hordas de turistas invadan el lugar. La entrada cuesta 50 pesos mexicanos, unos 4 dólares, los senderos están bien delimitados y hay guías en inglés y español. En el lugar abundan las iguanas, que salen al paso de los visitantes y posan para las fotos con total naturalidad.

Amurallada por el norte, sur y oeste, y bañada por el Mar Caribe, esta ciudad se eleva sobre un acantilado de 12 metros. El recorrido dura dos horas bajo un sol inclemente, pero al terminar la visita uno puede bañarse en la pequeña playa bajo el acantilado adonde se llega por unas pronunciadas escaleras.

Para quienes se interesan por la arqueología hay otras ruinas en la zona. En Cobá, 42 kilómetros al noroeste de Tulum, se encuentra la pirámide de mayor altura en la Península de Yucatán, y a 159 kilómetros está Chichen Itzá.

Otro imperdible, que sólo puede disfrutarse en esta parte del mundo, es nadar en los cenotes o cavernas subterráneas de agua dulce. Los cenotes, término que proviene de la palabra maya dzonot, que significa abismo, son estructuras geomorfológicas típicas de las plataformas calizas de la Península de Yucatán.

El gran cenote es una de las cavernas más visitadas a 3,5 kilómetros del cruce del pueblo, rumbo a Cobá. La entrada cuesta 100 pesos mexicanos (unos ocho dólares) y por igual cantidad de dinero se puede contratar un guía para un recorrido de una hora y media a través de oscuros túneles subterráneos. Por cierto, acompañados de una potente linterna. Vale la pena hacerlo, ya que hay rincones donde sólo se llega con guía y se pueden apreciar, por ejemplo, tortugas de agua dulce.

El pueblo mismo de Tulum es cruzado por la carretera federal 307. Consta de una avenida principal sobre la cual se desarrolla toda la actividad económica. Para sorpresa, los restoranes de comida italiana son casi tantos que los de comida mexicana. En esta calle se pueden encontrar tiendas de artesanía, de buceo, además de minisupermercados, bancos, cabinas telefónicas e internet. Existe un buen número de posadas tipo bed and breakfast, a precios mucho más accesibles que la zona de Boca Paila.

La única oportunidad en que Tulum pierde la tranquilidad que lo caracteriza, es cada viernes, cuando el Mezzanine celebra sus party beach, fiestas a las que asisten en promedio 350 personas. Allí, un DJ traído especialmente de Ibiza, Londres, NY, pincha los discos desde un improvisado escenario en el techo del bar-terraza. “A quienes reservan habitaciones les avisamos inmediatamente que los viernes nuestra fiesta se prolonga hasta las tres de la mañana y que están invitados. Si sólo desean descansar, les aconsejamos hacer el checkout ese día por la mañana”, aclara la gerenta Laura Avila. Pero no hay que alarmarse: aunque el silencio sea interrumpido una vez por semana, Tulum está lejos de convertirse en otro Cancún.

Fuente: C A R A S

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